Información Y Ayuda Para Estudiantes De Magisterio Y Pedagogía

20 enero, 2012

El Diagnóstico en Educación


   Hoy haré una introducción al diagnóstico en educación. Como dije en el post de inauguración del blog, quiero facilitar la vida a los alumnos que cursan magisterio y pedagogía, así que iré introduciendo conceptos, métodos e instrumentos utilizados en el ámbito educativo. Por lo tanto, comienzo esta sección de “conceptos e instrumentos pedagógicos” dando algunas claves de un proceso arduo pero apasionante como es el diagnóstico. 


     El diagnóstico educativo es un proceso científico, y como tal se encuentra dentro del terreno de actuación de la pedagogía. Los pedagogos tenemos (o tendremos) ciertas similitudes con los profesionales de la salud, salvando las distancias. En nuestro caso debemos analizar como funcionan en la persona por diagnosticar los procesos que intervienen en la educación. Cuando se piensa en diagnosticar, a uno se le encienden las alarmas; automáticamente nos imaginamos hospitales, enfermedades gravísimas y pruebas muy desagradables. Nos han insistido muchísimo en la facultad que esto no es así. El diagnóstico a menudo no revela patologías en el niño, y no se debe explorar con ansia de encontrarlas. No obstante, siempre es bueno descartar que no existan anomalías orgánicas o psíquicas. A veces las conoceremos de antemano; casos como dislexia, TDAH, trastorno de espectro autista o síndromes de Asperger, Down… 

      El primer aspecto a tener en cuenta cuando comenzamos el proceso diagnóstico es el motivo de la consulta. Tenemos que saber quien ha advertido la necesidad de hacer al niño una exploración psicopedagógica y por qué. Nos entrevistaremos con los padres, el tutor del niño en la escuela, el departamento de orientación, etc. Estos nos informarán sobre las características, dificultades o aspectos problemáticos que rodean al niño. Muchas veces el motivo será algo obvio o relativamente sencillo; una petición para aplicar un test de inteligencia o personalidad por ejemplo. Otras veces no sabremos cuál es el problema, se nos informará que hay una conducta agresiva, una dificultad lectora, una incompetencia para integrar figuras... En estos casos tendremos que adoptar la actitud de un detective. Tendremos que recopilar los antecedentes familiares, historial médico, relaciones y contexto vital del niño. Esto conoce como anamnesis y es una biografía que contiene aspectos de interés educativo la vida del niño. En breve subiré un tutorial de cómo redactar una buena anamnesis, y que aspectos interesa incluir.

     Una vez tengamos presentes los antecedentes del sujeto, incluidos diagnósticos anteriores al nuestro, entra en escena la exploración. Cuando diagnosticamos debemos proceder con una actitud observadora y crítica, y debemos tener en cuenta la actitud del sujeto durante todo el proceso. No debemos pretender etiquetar al niño. Cada caso es único, y los instrumentos disponibles solo nos permiten inferir rasgos y actitudes que nos aproximarán a resolver el problema. Ningún diagnóstico es 100% fiable, por lo que cuando tengamos los resultados debemos ser rigurosos y prudentes a la hora de interpretarlos. 



      Otra cuestión que dificulta el proceso es que contamos con dos tipos de datos. Por un lado, obtendremos datos cuantitativos de las pruebas y tests aplicados (datos de CI, errores netos, etc). Estas cifras por si solas no son concluyentes, debemos darles sentido y contexto complementándolas con la información proveniente de la observación, actitudes y proceder del niño. Este análisis, un tanto subjetivo, o interpretación de los resultados es lo que hace que haya tantos diagnósticos como personas, y que el proceso sea tan complicado. Pero no debemos desesperar; dicen que la experiencia es la madre de la ciencia. De la interpretación y del elenco de datos cuantitativos que obtengamos procederán los consejos pedagógicos y tratamiento que sugeriremos a la familia. No debemos olvidar que el diagnóstico tiene como finalidad última ayudar a la persona.

      Por último, una vez terminado todo el proceso queda sintetizarlo y registrarlo por escrito. Es lo que conocemos por informe psicopedagógico. Es la herramienta mediante la cual explicaremos a la familia todo el proceso. No deben faltar datos relevantes, aunque no debemos incluir absolutamente todo. El lenguaje debe ser claro y comprensible, aunque no por ello se debe evitar la terminología técnica. El informe está especialmente dirigido para su destinatario final: puede ser otro profesional, la familia o el tutor. Cada informe será diferente. Un informe profesional puede extenderse desde las 4 hasta las 10 hojas, y puede estar perfectamente, varía en función del estilo del autor. El asunto del informe da para un artículo entero, así que próximamente colgaré un tutorial para hacer un buen informe. ¡Estad atentos!

      Creo que he introducido bastante bien los puntos básicos que sustentan el diagnóstico, espero que os sirva de ayuda porque es un asunto que suele costar esfuerzo. Podéis dejar las dudas o comentarios que se os ocurran.


Iñaki Celaya









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