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19 octubre, 2012

¿Tienen los Profesores Menos Autoridad Que Antes?


      Todos hemos tenido en algún momento de la etapa escolar algún profesor novato. A menudo son profesores poco motivadores, que no sacan a relucir su personalidad y que se muestran inseguros. Profesores que, en definitiva, están verdes. A su vez, los alumnos aprovechan este estado de baja autoridad para rebelarse; en cortas edades una rebelión casi natural. El vacío de poder que deja el profesor y lo poco motivador de la materia provoca un clima de clase fallida. En estos casos no se aplica la queja que está tan de moda en estos momentos: que el profesor no tiene la autoridad que tenía hace décadas. Pero los síntomas de clase fallida se ven también en profesores que llevan años ejerciendo la docencia. En realidad, la autoridad no se otorga, sino que se la debe forjar el propio profesor. No nos engañemos, el profesor es la figura clave para que la educación goce de verdadera calidad.

    Y es que la confusión viene de la diferencia entre autoridad y potestad. No son lo mismo. La potestad es el poder que recae sobre el profesor como guía de la clase y le otorga derecho para someter a los alumnos a la educación. La potestad se la entrega al profesor la legislación educativa, pero también la sociedad. Los padres deben confiar en el profesor y deben dejar que ejerza su potestad a la hora de inculcar los contenidos y trabajar las competencias básicas en el aula. A su vez se debe dejar claro a los propios alumnos que el profesor es el depositario de la potestad en la clase, y que es superior a ellos. 


    Parece que la potestad que otorgan las leyes educativas no ha cambiado, aunque yo si que veo algunos aspectos que se han descuidado y las consecuencias las están pagando los profesores. La metodología que aplican los profesores puede ser una variable importante. Esta metodología se ha vuelto un tanto más blanda en cuanto a los castigos, ha incorporado la educación emocional y la motivación, menos memoria… en definitiva, ha ido desplazando del foco al maestro en pro del alumno. Aunque la educación emocional, la motivación, menos castigos, etc están muy bien, tal vez se hayan adoptado de una manera chapucera en muchos casos. El resultado ha sido una dinámica de poca autoridad y una sensación de "todo vale". Lo que lleva directamente a un deterioro del clima de estudio, desmotivación y falta de interés. El profesor se rebaja poco a poco hasta adoptar las características de un novato. Como alumno, tengo la sensación que este fenómeno a pasado mucho últimamente y por eso reina la sensación de no autoridad.

      También parece que ha desaparecido el buen reconocimiento social del que hace no mucho disfrutaban los maestros. Ahora parece que la sociedad desconfía de los maestros, lo que constituye un obstáculo para el funcionamiento normal de la escuela. No se puede pretender que los profesores se limiten a asesorar los intereses de sus alumnos, porque los alumnos tenemos de entrada menos criterios para construir nuestro conocimiento. Hay que configurar y guiar el aprendizaje y no centrarse exclusivamente en intereses y deseos. Hoy día se tiende a dar la razón al alumno cuando se producen disrupciones en el aula. Y todo ello se traduce en la no consideración del maestro como figura clave en la sociedad. Ésta es dubitativa en cuanto a reconocer la potestad que corresponde al docente.

    Pero podríamos pensar: ¿es que el profesor no puede hacer nada para paliar esto?. Aquí es donde entra en juego la autoridad. Este concepto es clave para completar el círculo de prestigio que todo profesor debe integrar. El profesor debe ser capaz de llamar la atención de los alumnos y llevarles por la senda del aprendizaje. Debe disponer las piezas para que el aprendizaje se produzca de verdad, de manera significativa, útil y con continuidad. Son esos profesores que todos recordamos y que supieron ganarse su autoridad, a la vez que hicieron que aprendiésemos mucho y atendieron nuestros problemas. Estas son algunas pinceladas de lo que es un buen profesor, el que lleva consigo un halo de respeto y de sabiduría. Debe poner de su parte para que se confíe en el y se cierre el círculo de prestigio. No todos son capaces de lograr este estado, así que hay que formarlos bien y seleccionarlos mejor. Las ventajas que nos lleva el tan envidiado modelo educativo finlandés se centran en la formación, selección y reconocimiento social del profesorado. Insisto en que el profesor es la clave de la educación.

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