Información Y Ayuda Para Estudiantes De Magisterio Y Pedagogía

20 noviembre, 2012

Aprender a Ser Felices: Capítulo II

     Si tenemos que elegir una cualidad que caracterice al ser humano, esa es posiblemente el pensamiento. Por supuesto, derivado de la libertad. La capacidad de pensar explica la consciencia humana. Es la base de todas las acciones propiamente humanas y aún sabemos muy poco sobre él.





    No estoy seguro de cómo funciona el mecanismo que posibilita pensar. Cuentan los hombres de ciencias que millones de neuronas pululan por la cabeza y se intercambian impulsos eléctricos como si de cromos se tratase. No me gusta imaginar la actividad mental como una nube eléctrica, un mero circuito de neuronas cotorras. La similitud con una máquina es evidente y, además, aún no se ha encontrado el principio rector del cerebro: el yo libre. Llegado a este punto, uno se pregunta ¿seré yo un simple computador biológico? ¿dónde está el alma que me prometieron? ¿y la espiritualidad? Solo por contestar a estas cuestiones merece la pena pensar y reflexionar. 

   La existencia nos brinda infinitos dilemas por los que interesa entrar en el trance reflexivo. La facultad racional es un enorme privilegio que tenemos los seres humanos; es continente y principal posibilitador de la personalidad. Nos permite crecer y proyectarnos hacia niveles espirituales superiores. Siempre me ha parecido un gran misterio que de un contenedor material como es el cuerpo humano parezca derivar el ente espiritual que somos las personas. ¿Alguna vez sabremos con toda certeza si somos el alma o la materia? 

      En nuestra sociedad actual la virtud del pensamiento se ha visto bastante desdibujada. El conformismo ha dejado plantada a la curiosidad. El pragmatismo y la eficacia han denostado la meditación. El estilo de vida rápido de la sociedad consumista, basada en las emociones y apetitos, tiene mucha responsabilidad en esto. De ahí que muchas personas tengan atrofiada la materia gris. 

     Los maestros budistas insisten en que la contemplación espiritual, caldo de cultivo de la sabiduría, se alcanza mediante una concentración férrea que relaje los cuchicheos neuronales. Eso si, el proceso es un tanto esotérico: cruzamos las piernas una encima de la otra (al borde de la taba), controlamos el flujo respiratorio, diafragma abajo, succionamos el aire, lo soltamos muy lentamente sin tornarnos violáceos... Y si logramos apretar los dientes lo suficiente lograremos contemplación; de la nada. “Si uno está disperso no podrá conocer, ni ser sabio, ni feliz”. Mi experiencia tras años aficionado a pensar indica que el silencio espiritual contemplativo tiene otros caminos. Os invito a convocar a las neuronas y ocuparlas con cuestiones de elevado copete intelectual. La fatiga resultante logrará acallar nuestras células cerebrales y se hará en nuestra cabeza un silencio espiritual de lo más apaciguador y gratificante. De esta manera, me he propuesto un ejercicio metareflexivo: contemplar la dinámica de mi pensamiento.   

    Mi patria no está en este mundo. Se extiende a lo largo de un valle inmenso, de sugerentes perfiles y anchos horizontes, que voy puliendo día tras día. Juego con el orden de las montañas, convierto los ríos en lagos y, algunas veces, me doy el gusto de quitar elementos que empezaban a estorbar. Paso mucho tiempo recorriendo sus intrincados senderos, que siempre llevan a un nuevo lugar. Hay que prestar mucha atención a cada arbusto, a cada árbol, a cada piedra... ya que es muy fácil distraerse. Las cumbres son escarpadas y uno debe realizar un terrible esfuerzo para conquistar la cima. 

      Lograr un pensamiento relativamente ordenado es todo un reto, pero la recompensa no tiene precio; se obtiene la resolución a un problema, una idea brillante, la sensación de arreglar el mundo o, simplemente, alguna frase original con la que sorprender a la compañera de turno. Pero lo más importante es que, de alguna manera, la realidad se vuelve mucho más comprensible. No concibo otra manera de estar presente en el mundo que evadirme a pensar cuando tengo un rato libre.

No hay comentarios:

Publicar un comentario