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10 febrero, 2013

La Enseñanza En Euskera


      Como a todo universitario, a uno le llega el momento de adentrarse en el ámbito laboral por primera vez y aprender mucho. Se denomina período de prácticas, en el que estaré dos meses en un aula ayudando al profesor e impartiendo contenidos regularmente. Quiero escribir algunas de mis próximas entradas sobre estas experiencias de prácticas. He escogido el modelo lingüístico D, totalmente en euskera. La razón principal es la oportunidad que me brinda para ejercitar el idioma, que adquirí siendo niño y fui dominando a lo largo de la educación obligatoria. Mi competencia en euskera es alta,  tanto que obtuve el título de nivel avanzado recientemente: el C1 de la EOI (Escuela Oficial de Idiomas), equivalente al célebre EGA vasco.

Dialectos del euskera en la zona vascófona, gran parte del Pais Vasco y Navarra.

    Con lo anterior quiero recalcar que el aprendizaje de idiomas es vital en la sociedad actual. Hace años no lo era tanto, bastaba con conocer un oficio. Ahora no. La competitividad aumenta a un ritmo vertiginoso y ya no solo hay que tener un título universitario o de formación profesional. Ahora uno tiene que haber demostrado competencia en inglés, tener aptitudes para las relaciones sociales, negociación, coche y ya, cuando se vive en territorios donde se hablan lenguas cooficiales, es casi imprescindible hablar dichas lenguas. 


    Hace poco el ministro de educación dijo en una declaración muy desafortunada "no solo hay que estudiar lo que nos gusta, sino lo que marca el mercado laboral". La frase es más propia de un ministro de economía que del de educación, pero en fin... lo cierto es que uno ha de procurar no mantenerse demasiado alejado de las tendencias del mercado. Aunque no guste el inglés, más vale aprenderlo, por nuestro propio bien. Lo mismo pasa con el euskera en Navarra y el País Vasco. Es un idioma con menos presencia real que el catalán en Cataluña pero aporta riqueza cultural y un plus laboral, sobre todo en educación. Hasta ciertos colegios privados que tradicionalmente no ofertaban este modelo, por falta de demanda, empiezan a hacerlo poco a poco.

     Siempre he considerado las lenguas como sistemas instrumentales de comunicación, que garantizan la convivencia y las relaciones interpersonales. Formulas distintas para un mismo objetivo práctico. Lógicamente, también recogen una cultura determinada y por eso suelen ser tan ricas. Esta vertiente cultural y, para algunos sectores, identitaria es la que más peso ha tenido en el proceso de recuperación y fomento del idioma.

    Después, hay quien reduce el euskera a una concepción nacional muy concreta. Es legítimo hacerlo, pero es reducir el idioma y la cultura que lo rodea a una mera pieza política, “algo que hay que conservar a toda costa porque está en peligro de extinción”. Soy muy poco entusiasta de los planteamientos nacionalistas, poco patriota y más bien humanista. Por ello, no me interesa el euskera como característica nacional, sino como un medio de comunicación y un elemento cultural enriquecedor. Más aún cuando el denominado euskera batua es un collage de vasco y latín, una elaborada síntesis de artesanía filológica. Ha sido como despertar a un paciente en profundo coma, reemplazándole artificialmente varios órganos disfuncionales. Durante el proceso de recuperación del euskera se consideró que había que dar visibilidad a esa lengua que había caído en creciente desuso. 

      Siempre es bonito e interesante hacer este tipo de restauración, tan compleja. Tras ello el lógico que haya movimientos de fomento, integración en los colegios, creación de editoriales, etc. Lo que no es de recibo es obligar a la gente a que lo use a toda costa. A veces hay quien ha caído en esa causa, provocando así un rechazo emocional hacia la lengua. Ha pasado con determinados movimientos políticos que, además de secuestrar el idioma para usarlo como pancarta, han querido imponer el euskera por encima de otras lenguas más extendidas rayando muchas veces la irracionalidad. Hay que fomentar la lengua respetando la voluntad de los demás para utilizarla, sin politizar. Ante todo, es un vehículo de comunicación y un contenedor de cultura.

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